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Farmacia Cervantes Godella

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AHA o PHA: qué ácido usar para una piel renovada

¿Piel apagada tras el verano? La elección entre AHA o PHA es el primer paso

El final de la temporada estival a menudo deja la piel con un tono desigual, una textura algo áspera y falta de luminosidad por la exposición solar. Si te preguntas si es mejor usar AHA o PHA para recuperar esa vitalidad perdida, la respuesta correcta depende directamente de tu tipo de piel y tus objetivos. En Farmacia Cervantes conocemos bien esta duda, frecuente en nuestro mostrador de Godella cada otoño, y por eso queremos aclarar las diferencias para que aciertes con tu elección.

¿Qué son exactamente los hidroxiácidos y cómo funcionan?

Los hidroxiácidos son un grupo de activos químicos que realizan una exfoliación en la superficie de la piel. A diferencia de los exfoliantes físicos (los que tienen gránulos), que actúan por fricción, los ácidos disuelven los «puentes» que mantienen unidas a las células muertas en el estrato córneo, la capa más externa de la epidermis. Este proceso ayuda a acelerar la renovación celular, un ciclo que se ralentiza de forma natural con el paso de los años.

Al facilitar el desprendimiento de esa capa de células opacas y envejecidas, la piel que queda debajo se muestra más lisa, uniforme y luminosa. Además, esta acción exfoliante mejora la penetración y eficacia de otros productos que apliques posteriormente en tu rutina, como sérums hidratantes o tratamientos antiedad. Dentro de esta gran familia de ácidos, los AHA y los PHA son dos de los grupos más populares, pero sus características los hacen adecuados para perfiles de piel muy distintos.

Alfahidroxiácidos (AHA): la potencia para una renovación profunda

Los Alfahidroxiácidos (AHA) son un conjunto de ácidos solubles en agua derivados de fuentes naturales como la caña de azúcar, la leche o las frutas. Los más conocidos en cosmética son el ácido glicólico y el ácido láctico. Su principal característica es su pequeño tamaño molecular, que les permite penetrar con bastante profundidad en la piel y actuar de manera rápida y notoria.

Esta capacidad de acción los convierte en una herramienta muy eficaz para abordar problemas específicos como la textura irregular, las líneas de expresión, las cicatrices superficiales de acné y la hiperpigmentación. El ácido glicólico, por su diminuto tamaño, es el más potente y el que ofrece resultados más visibles en menos tiempo, mientras que el ácido láctico, de molécula ligeramente mayor, es algo más suave y además tiene propiedades humectantes.

Sin embargo, esa misma potencia es su principal inconveniente. Pueden causar irritación, enrojecimiento y picor, especialmente en pieles que no están acostumbradas a su uso o que son sensibles por naturaleza. Su uso también aumenta la fotosensibilidad de la piel, por lo que la protección solar diaria y estricta es absolutamente innegociable. De hecho, la Academia Española de Dermatología y Venereología siempre subraya la importancia de una fotoprotección rigurosa al utilizar cualquier tipo de exfoliante químico para prevenir efectos no deseados como la aparición de nuevas manchas.

Polihidroxiácidos (PHA): la exfoliación suave para pieles sensibles

Los Polihidroxiácidos (PHA) son considerados la nueva generación de hidroxiácidos. Químicamente son muy parecidos a los AHA, pero tienen una estructura molecular mucho más grande. Los más comunes son la gluconolactona y el ácido lactobiónico. Este mayor tamaño es la clave de su éxito: les impide penetrar tan profundamente en la piel, por lo que su acción exfoliante se concentra en la superficie y es mucho más gradual y suave.

Esta característica los hace ideales para personas con piel sensible, reactiva, con rosácea o dermatitis atópica, que normalmente no toleran bien los AHA. Pero sus beneficios no terminan ahí. Los PHA también son humectantes, lo que significa que atraen agua hacia la piel, ayudando a mantenerla hidratada y reforzando su función barrera. Además, poseen propiedades antioxidantes, contribuyendo a proteger la piel del daño causado por los radicales libres.

Si nunca has usado ácidos exfoliantes y te da respeto empezar, los PHA son una puerta de entrada excelente. Ofrecen una mejora visible en la luminosidad y la suavidad de la piel sin el riesgo de irritación asociado a otros ácidos más potentes.

AHA o PHA: la comparativa clave para tomar una decisión

Llegados a este punto, la elección entre AHA o PHA se vuelve más clara si comparamos sus atributos directamente. No se trata de que uno sea mejor que el otro en términos absolutos, sino de cuál se alinea mejor con tu piel y tus expectativas.

En cuanto a potencia y velocidad, los AHA ganan por goleada. Si tu principal preocupación es una textura muy rugosa, marcas post-inflamatorias persistentes o arrugas finas, y tu piel es resistente, un producto con ácido glicólico o láctico te dará resultados más evidentes. Por el contrario, si tu piel se enrojece con facilidad, sientes tirantez a menudo o simplemente buscas una mejora en la luminosidad general sin complicaciones, los PHA son tu opción más segura y confortable.

Piensa también en los beneficios secundarios. ¿Tu piel tiende a la deshidratación? Los PHA aportan un extra de hidratación que los AHA no tienen. ¿Buscas un efecto antiedad más completo? La acción antioxidante de los PHA suma un punto a su favor para el cuidado a largo plazo. La elección correcta es aquella que te permite ser constante sin agredir tu piel.

¿Cómo integrar los hidroxiácidos en tu rutina de cuidado facial?

La introducción de cualquier ácido en tu rutina debe ser progresiva para permitir que la piel se adapte. Empezar a usarlos a diario desde el primer día es uno de los errores más comunes y suele acabar en una barrera cutánea dañada. Sigue estos pasos para hacerlo correctamente:

  • Limpieza suave: Antes de aplicar el ácido, asegúrate de que tu piel está limpia y completamente seca. Utiliza un limpiador con un pH equilibrado que no sea agresivo.
  • Aplicación nocturna: Los ácidos se usan preferiblemente por la noche. Aplica una pequeña cantidad de tu tónico, sérum o crema con AHA/PHA sobre el rostro, evitando siempre el contorno de ojos y los labios.
  • Frecuencia progresiva: Comienza utilizando el producto dos noches por semana, en días no consecutivos. Observa cómo reacciona tu piel. Si después de dos o tres semanas todo va bien, puedes aumentar la frecuencia a tres noches por semana o incluso a noches alternas si tu piel lo tolera sin problemas.
  • Hidratación y reparación: Después de que el producto se haya absorbido, aplica una buena crema hidratante que contenga ingredientes reparadores como ceramidas, niacinamida o pantenol. Esto ayudará a calmar la piel y a mantener la barrera lipídica en buen estado.
  • Protección solar (innegociable): A la mañana siguiente, y todas las mañanas sin excepción, aplica un protector solar de amplio espectro con un SPF de 50 o superior. Como demuestran múltiples estudios recopilados en bases de datos científicas como PubMed, los AHA aumentan la sensibilidad de la piel a la radiación UV. Saltarse este paso no solo es contraproducente, sino peligroso.

Errores comunes al usar ácidos y cómo evitarlos

Además de una introducción incorrecta, existen otras prácticas que pueden comprometer la salud de tu piel. Uno de los fallos más habituales es la sobreexfoliación. Usar ácidos con demasiada frecuencia o combinarlos con otros exfoliantes (físicos o incluso otros activos potentes como los retinoides en la misma noche sin supervisión) puede dañar la función barrera. Las señales de alarma son claras: enrojecimiento persistente, sensación de ardor, tirantez extrema, descamación o incluso granitos.

Otro error es empezar con concentraciones demasiado altas. Si eres principiante, busca productos con porcentajes bajos de ácido (por ejemplo, un 5% de ácido glicólico o un 10% de gluconolactona) y ve subiendo si es necesario y tu piel lo permite. Escuchar a tu piel es la regla de oro. Si notas irritación, reduce la frecuencia de uso o cambia a un producto más suave. A veces, menos es más.

La elección final no se basa en qué ácido es ‘mejor’ en abstracto, sino en cuál se ajusta a tu realidad cutánea y a tu estilo de vida. Observa tu piel, empieza con cautela y prioriza siempre la protección solar. Una exfoliación bien hecha devuelve la luz al rostro, pero una piel sana y protegida es la que la mantiene a largo plazo. Si quieres más ideas prácticas, pásate por nuestro blog y mantente al día en nuestras redes sociales.