Cada año, en primavera y otoño, ajustamos nuestros relojes una hora hacia adelante o hacia atrás. Aunque puede parecer un pequeño gesto, este cambio de hora tiene un impacto real sobre nuestro organismo. Nuestro cuerpo funciona según ritmos biológicos conocidos como ritmos circadianos, que se sincronizan con los ciclos de luz y oscuridad del ambiente. Alterarlos, aunque sea mínimamente, puede desencadenar efectos en nuestra salud y bienestar.
Desajuste del reloj interno
El cambio de hora afecta directamente a nuestro reloj biológico, que regula funciones esenciales como el sueño, la digestión, la temperatura corporal o la producción de hormonas. Adelantar o retrasar una hora puede generar una especie de “jet lag social”, con síntomas como fatiga, irritabilidad, somnolencia diurna, dificultad para concentrarse y alteraciones del apetito.
Especialmente el cambio al horario de verano, cuando se adelanta una hora, puede resultar más molesto, ya que supone levantarse cuando aún hay poca luz, afectando la calidad del sueño y la sensación de descanso.
¿A quién afecta más?
Aunque todos podemos notar ciertos efectos, hay personas que son más sensibles al cambio de hora:
- Niños y personas mayores: Suelen tener rutinas más marcadas, por lo que cualquier alteración puede alterar su equilibrio.
- Personas con trastornos del sueño: El ajuste puede agravar problemas como el insomnio o los despertares frecuentes.
- Trabajadores por turnos o quienes tienen horarios muy estrictos también pueden experimentar una mayor dificultad para adaptarse.
Consejos para adaptarte mejor al cambio de hora
La buena noticia es que nuestro cuerpo suele adaptarse en pocos días, pero hay formas de facilitar esta transición:
- Adelanta tu rutina progresivamente: Unos días antes del cambio, intenta acostarte y levantarte 15-20 minutos antes cada día.
- Exposición a la luz natural: Aprovecha las primeras horas del día para salir al exterior. La luz solar ayuda a reajustar el reloj interno.
- Evita las pantallas por la noche: La luz azul de móviles, tablets y ordenadores puede interferir con la producción de melatonina, la hormona del sueño.
- Cuida tu alimentación: Mantén horarios regulares para comer y evita cenas pesadas o con cafeína antes de dormir.
- Haz ejercicio moderado: Una caminata suave o actividad física ligera durante el día puede ayudarte a dormir mejor por la noche.
Un pequeño cambio con un gran impacto
Aunque el cambio de hora puede parecer algo insignificante, sus efectos sobre la salud pueden ser relevantes, sobre todo en personas con mayor sensibilidad. Adaptarse con suavidad y seguir unos hábitos saludables puede marcar la diferencia entre pasar unos días incómodos o llevar esta transición con naturalidad.
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