Cuando llega el frío, uno de los mayores retos para madres, padres y cuidadores es saber cómo proteger a los niños sin caer en excesos. ¿Cuántas veces hemos oído “no lo abrigues tanto que se va a acatarrar”? En este artículo te contamos cómo encontrar el equilibrio entre proteger del frío, reforzar las defensas y prevenir enfermedades invernales… sin agobiar ni agobiarte.
¿Frío o exceso de abrigo?
El instinto protector hace que queramos ponerles tres capas de ropa apenas baja la temperatura. Pero el exceso de abrigo también puede ser contraproducente. Los niños se mueven, corren y juegan, por lo que pueden sudar, enfriarse después y terminar enfermando por ese contraste.
Consejo práctico: Viste a los niños con capas. Así, puedes quitar o poner según el momento del día o la actividad. Una camiseta térmica, un jersey y un abrigo ligero pueden ser suficientes. Y no olvides gorro, bufanda y guantes, especialmente si van a pasar tiempo al aire libre.
Fortalecer sus defensas de forma natural
Durante el invierno, el sistema inmunológico de los más pequeños necesita un apoyo extra. Una buena alimentación, descanso suficiente y juego al aire libre son pilares fundamentales.
Alimentación: Frutas y verduras de temporada, ricas en vitamina C, antioxidantes y minerales, ayudan a mantener las defensas activas.
Sueño: Dormir bien favorece la regeneración celular y el buen funcionamiento del sistema inmune. Intenta que mantengan una rutina estable de sueño.
Ejercicio y juego: Salir al parque aunque haga frío, siempre que estén bien abrigados, fortalece sus pulmones y su resistencia.
Prevención: pequeños gestos que marcan la diferencia
En la temporada de catarros, gripes y bronquiolitis, la prevención es clave. Además de cuidar el abrigo y las defensas, hay hábitos que puedes fomentar en casa:
- Enseñarles a lavarse bien las manos.
- Ventilar la casa cada día, aunque sea unos minutos.
- Evitar espacios muy cerrados o con muchas personas si hay virus circulando.
- Mantener al día sus revisiones pediátricas y calendario de vacunación.
¿Cuándo preocuparse?
Si a pesar de todas las precauciones aparece fiebre alta, dificultad para respirar, decaimiento o el niño rechaza el alimento, es importante acudir al pediatra. Cada niño es diferente y los síntomas pueden variar, por eso es fundamental no subestimar ninguna señal.
En resumen
Proteger del frío no significa sobreproteger. Escucha a tu hijo, observa su comportamiento, adapta el abrigo al clima y al tipo de actividad. Cuida su alimentación y fomenta hábitos saludables. Con equilibrio y prevención, disfrutarán del invierno con energía y salud.
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